Brooklyn, Colm Tóibín

jueves, febrero 18, 2016


Título original: Brooklyn
Título en España: Brooklyn
Autor: Colm Tóibín
Editorial Lumen
Páginas: 256

Ellis Lacey, original de un pequeño pueblo de Irlanda, no duda en aceptar un trabajo en América. Se abre paso en Brooklyn, superando la nostalgia y los rigores del exilio e incluso encontrando un primer y gran amor. Pero algo trunca su camino, pues pronto le llegan noticias trágicas de Irlanda y Ellis se ve obligada a volver. El peso de su familia y su pasado devoran sin piedad el nuevo y frágil mundo que había empezado a construir al otro lado del océano.



Este libro es un claro ejemplo de lo mucho que se puede contar sin unas complejas literarias, ni páginas cargadas de enrevesadas formas de escribir. La historia, aparentemente, es sencilla y la protagonista también. Pero eso no debe llevar a pensar que es algo simple. El autor habla de la vida, sin artificios, de los cambios por los que ha de atravesar cualquier persona, sea en una época actual o no.

Ambientado en los años 50, el relato comienza en un pueblo al sur de Dublín, donde conocemos a Eilis, una chica joven y algo tímida y reservada, su madre viuda, y su hermana mayor Rose. Se habla en algún momento de unos hermanos que tuvieron que ir a Inglaterra en busca de trabajo, pero básicamente la primera de las cuatro partes en las que está dividido el libro, conocemos Enniscorthy y a sus parroquianos. Las costumbres de una época en un medio más o menos rural en un país como Irlanda, donde la tradición, la religión y el decoro pesaban casi tanto como los cuchicheos a escondidas.No es un misterio para nadie que me llama la atención sobremanera lo que tenga que ver con aquella isla, pero realmente creo que la ambientación es maravillosa. En unas pocas pinceladas de las rutinas diarias de Eilis o su familia podemos hacernos una idea casi perfecta de lo que podría resultar vivir en aquel lugar. 

El caso es que la protagonista no parece encontrar un trabajo acorde a sus más que aptas capacidades (antes como ahora, uno de los muchos paralelismos entre épocas que puede percibirse en el libro), y ante la posibilidad de un trabajo poco satisfactorio para ella, su hermana mayor Rose contacta de alguna manera con un sacerdote irlandés (el poder del terruño es una constante en toda la obra) que vive en América y le sugiere acoger a su hermana allí. Hay que figurarse lo que para una jovencita podría suponer hacer un viaje de esas características, teniendo en cuenta de donde procede y la época en la que nos encontramos. Aunque tímida y reservada, Eilis es una chica decidida y se convence (más por influencia de su hermana que por ella misma) de que realmente América será un lugar mejor, y a pesar de los 5 o 6 días que dura la travesía, se sube al barco dejando atrás su hogar y su familia.

Eilis se sintió como de niña cuando el médico iba a casa; su madre escuchaba con tímido respeto. Era el silencio de Rose lo que le resultaba novedoso; la miró deseando que hiciera alguna pregunta o comentario, pero su hermana parecía sumida en una especie de ensueño. Al observarla, pensó que nunca la había visto tan bonita. Y entonces fue consciente de que habría de recordar aquella habitación, a su hermana, esa escena, como desde la distancia. En medio de aquel silencio se dio cuenta de que, de alguna forma, ya se había acordado tácitamente que Eilis iría a América. Creía que el padre Flood había sido invitado a casa porque Rose sabía que podría planearlo.

Una de las cosas que más me llamó la atención fue la forma en la que está narrado todo. Casi desde el primer momento te cuelas en los pensamientos de Eilis, sientes empatía por ella y lo que le rodea. Hasta el punto de, a pesar de vivir en una época dominada por la tecnología, ver como algo totalmente natural el hecho de que los protagonistas se envíen cartas postales entre ellos. No es una novela de época más, entendiendo esto en algún modo peyorativo. Es una novela de costumbres, de realidades, escrita por alguien que nació y vivió entre las calles de Enniscorthy y a quien la emigración no le resulta extraña.

La segunda parte arranca ya en Brooklyn. El sacerdote ha conseguido visado y papeles para Eilis así como un trabajo estable con vistas a mejorar e incluso alojamiento en una casa de huéspedes regentada por la señora Kehoe, una respetable mujer irlandesa. La protagonista ha de convivir con otras chicas, algunas irlandesas, otras no, y madurar en base a lo que se le vaya presentando en el camino. Sin su hermana Rose al lado, de la que tiene una altísima opinión y está presente en toda la obra a pesar de seguir a kilómetros de distancia, habrá de decidir lo correcto y lo incorrecto. Sin embargo, habiendo recibido una buena educación y unos buenos principios, y teniendo bastante sensatez y los pies en el sueño,sabe sortear las dificultades que se le aparecen.

No es un libro de grandes dramas, es una visión algo dulce de la emigración a América de muchos europeos. Aún sin ser algo especialmente negativo, se podría achacar a la creencia en la bondad inherente a aquella época. Sea como fuere, Eilis consigue un trabajo en unos grandes almacenes, se matricula en unas clases nocturnas para mitigar el sentimiento de morriña que le ocasiona estar lejos de su hogar, y lleva una vida bastante apacible. Aquí es donde se empieza a ver uno de los grandes temas del libro, además del llamado coming of age; la sensación de ser extranjero, de no encajar del todo en el sitio en el que estás viviendo a pesar del tiempo. Sólo más adelante se verá la complejidad de la situación, cuando Eilis deba volver temporalmente a Irlanda y se sienta extranjera en ambos lugares. El propio autor lo definió como un momento en el que un inmigrante es extranjero incluso de sí mismo, y yo no podría encontrar una forma mejor.

Allí no era nadie. No se trataba solo de que no tuviera amigos ni familia, si no más bien de que era un fantasma en aquella habitación, en las calles que recorría de camino al trabajo, en la planta de ventas. Nada significaba nada. Las habitaciones de la casa de Friary Street le pertenecían, pensó; cuando caminaba por ellas estaba realmente allí. En el pueblo, cuando iba a la tienda o a la escuela de formación profesional, el aire, la luz, el suelo, todo era sólido y formaba parte de ella, aún cuando no se encontrara con nadie conocido. Nada aquí era parte de ella. Todo era falso, vacío, pensó. Cerró los ojos e intentó concentrarse, como lo había hecho innumerables veces en su vida, en algo que le hiciera ilusión, pero no había nada. Nada en absoluto. Ni siquiera el domingo. Nada salvo, quizá, dormir, y ni siquiera estaba segura de que le apeteciera hacerlo.

De las dos partes que quedan, en mi opinión, la tercera es la que más me ha gustado. Por supuesto, es una historia lineal y no podría entenderse sin las dos primeras, y no estaría completa sin la cuarta. Pero el hecho de que en ella el autor haga gala de su mayor sensibilidad y de su mejor forma de escribir para hablar de algo tan importante para Eilis como supone encontrar el amor, especialmente de la forma en la que ocurre todo, para mí tiene un valor especial. Es una historia tierna y adorable, sin ni siquiera rozar el sentimentalismo ni resultar exagerado. No quiero desvelar mucho de esta parte, pues ya digo que a mí me gustó muchísimo y no querría estropear esa experiencia a nadie que vaya a leer el libro. Tal como lidió con los problemas derivados del trabajo y la convivencia con personas desconocidas, Eilis tendrá que aprender a manejar las situaciones que podrían llevarla a mantener una relación con alguien. Es interesante cómo el autor propone que sea ella sola la que salga más o menos airosa de esas situaciones, signo inequívoco de que o bien ha madurado o bien la soledad en aquella nueva vida es más notoria según pasan los días. 

[...] estaba tan complacido y emocionado ante la idea que, pensó Eilis, no se percató de que a ella se le había helado el rostro. Estaba ansiosa por estar sola, lejos de él, para reflexionar sobre lo que le acababa de decir. Más tarde, tumbada en la cama y pensando en ello, se daba cuenta de que encajaba en todo lo demás; que últimamente habían hecho planes para el verano y le había hablado de que pasarían mucho tiempo juntos. También últimamente después de besarla, le había dicho que le quería, y ella sabía que esperaba una respuesta; una respuesta que aún no le había dado.

Tal como se deduce, esa posible relación sentimental le ofrece una nueva vida en un futuro no demasiado lejano, esto se ve reafirmado cuando debido a sus altas calificaciones en las clases nocturnas y su buen desempeño en el trabajo, le es ofrecido tanto un título de contable como un ascenso al departamento anhelado en los grandes almacenes. Sin embargo, esa vida que llevaba hasta entonces de bailes dominicales, salidas al cine, a cafeterías, a cenar e incluso visitas a la playa, todo ello rodeado como ya os digo de una gran sensibilidad y ternura destinada a recrear el mágico momento del primer amor, toda esta maravillosa vida se ve interrumpida. 

Recibe horribles noticias desde su casa y decide volver a Irlanda durante un mes, dejando atrás de nuevo una suerte de hogar y futuro. Y a partir de aquí, en mi opinión, los hechos se suceden demasiado rápido. No hablo del hecho de volver al hogar, que puedo entender perfectamente, dadas las circunstancias, si no de la serie de acontecimientos que ocurren una vez llega a Enniscorthy. Habiendo conocido a Eilis como una chica reservada y prudente, no acabo de entender alguna de las decisiones que toma. Aún así, esto no le resta ni un ápice del mérito al autor, que como ya dije antes, consigue que la protagonista sea vista como una extraña tanto en Brooklyn como en su pueblo natal, e incluso ser una extraña para sí misma. 

Es uno de esos libros que se cuela despacito, con pequeños momentos y grandes párrafos, que te conquista por la sencillez y la verdad con la que aparece la historia, y cuando quieres darte cuenta, ya has sonreído tímidamente un par de veces con el primer amor, y ya has tenido que secarte esa lágrima que intentaba escaparse, fruto de la emoción y del sentimiento que destila la obra. No puedo dejar de recomendaros este libro, que habla de la emigración, del sentimiento del emigrado que vuelve al hogar, de otra época diferente, incluso del concepto de identidad nacional allende los mares. Este libro, que sin mucho alarde cuenta la mejor y mayor historia de todas que es la vida misma.

7 comentarios:

  1. Lo tengo que leer sí o sí antes de ver la peícula. Apuntado.

    Besotes.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola!
      Sí que debes leerlo, sí. Es una cucada de libro, me ha dejado una muy buena sensación :)
      Gracias por venir, un saludito! :D

      Eliminar
  2. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

    ResponderEliminar
  3. Paso de puntillas, que lo compré hace poco y quiero leerlo pronto.
    Besos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola!
      Pues nada, de puntillas te dejo colarte por aquí, jajaja.
      Gracias por venir, un saludito! :D

      Eliminar
  4. Bueeeeeno, vale, lo leeré! xD
    Mira que pa uno que iba a pasar e ir directamente a la peli, ya me estás convenciendo de malas maneras! jijiji
    Esas historias que son entrañables sin llegar a ser sentimentaloides son sin duda mis preferidas :3
    Ay, no sé, creo que me va a encantar, a ver si me hago con él pronto ^^
    Bsines!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Yo no te obligo, no, no. Sólo te doy la chapa un poquito con lo cuqui que es y que creo que te gustaría, nada más, jajaja.
      Es super cuco. Hoy he visto la peli y también, preciosa del todo :)
      Gracias por venir, un saludín! :D

      Eliminar

¡Hola! Gracias por pasarte por mi blog y dedicar tiempo a comentar, valoro todos los comentarios, y siempre respondo.
¡Un saludito!